Los niños y niñas de El Vacie

La señorita Rosario miraba a Jesús, le miraba a los ojos, unos ojos tristes y perdidos que dejaban escapar una lágrima cristalina. La tristeza iba más allá de la clase: estaba en su pequeño corazón y se perdía en elgún rincón de El Vacie. Jesús tiene siete años y no tiene más futuro que seguir sobreviviendo , día a día, en una chabola junto a la tapia del cementerio. Jesús está triste, muy triste. Otras veces escribí cartas porque los niños venían al colegio cuajaditos de piojos, sucios, con olor a candela y a pobreza (siguen viniendo); pero ahora estas letras son un grito de súplica “a quién corresponda” para que , de una vez por todas, estos niños dejen de sufrir y se respeten esos Derechos del Niño que tan impunenmente se pisotean todos los días. No podemos consentir que la marginación y la pobreza se apodere de los ojos y del corazón de los niños de El Vacie.
La señorita Rosario termina de lavarle las manos, le pasa suavemente los dedos por la mejilla, le oculta la lágrima y vuelven a clase. Un beso, Jesús.
Miguel Rosa (publicado en el Correo de Andalucía el 2 de noviembre de 2009)

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