UN SISTEMA EDUCATIVO NEURÓTICO





Para Freud una conducta normal es aquella que permite que una persona goce de salud mental, es decir, que es consciente de la realidad que le rodea y la acepta sin acudir a la negación u otros recursos para crearse una realidad que le sea más soportable. además este individuo actúa para transformar su vida de forma objetiva y no solo imaginativa. Una persona neurótica, en cambio, hará uso de la negación para evitar hacer frente a una vida que le duele o no le agrada.

En los sistemas este esquema se repite, aunque las consecuencias van más allá de la esfera personal , afectando a individuos y grupos e intereses comunes.  Por la misma inercia de los sistemas esta neurosis se manifiesta en los diferentes estratos que lo conforman, desde los más bajos, en este caso los allegados a las aulas, a los más elevados de la administración.

Evidentemente este modo de funcionamiento encuentra su justificación en tanto en cuanto las realidades se contraponen ; así , a modo de ejemplo , el profesorado que realiza sus tareas trabajando por proyectos,se “enfrenta” a aquel que basa su enseñanza solamente en el libro de texto. Esta dualidad es la razón de ser de la negativa constante, llamemosle miedo, al cambio por sectores que evitan una nueva educación/sociedad que no entienden ni pretenden entender. Miedo que se traslada a quién debe legislar y no crea nuevas leyes, sino que maquilla minimamente lo que hay para crear algo distinto, no llegando siquiera a la grandeza  Lampedusiana de cambiar todo para que nada cambie.

Michael Fullan habla de cambio y de caos, de la necesidad de una nueva mentalidad para enfrentarse al complejo mundo en el que vivimos, de encontrar nuevas perspectivas y pautas inteligentes para enfrentarnos a esta nueva sociedad a la que le corresponde unos modelos educativos diferentes. Ciertamente una propuesta loable que necesita de la solidaridad y el buen hacer de individuos que lideren equipos y generen inercias diferentes;  pero en estos sistemas neuróticos falla la interconexión entre individuos y grupos, creándose  un abismo que separa dos concepciones muy diferentes de entender la enseñanza y, al mismo tiempo, contrapone dos realidades: la de una minoría innovadora ante una mayoría reacia al cambio. Este hecho palpable lo apreciamos al constatar  la brecha digital que se produce en todos los segmentos del sistema y donde la individualidad prima sobre la generalidad y la planificación.
Son pocos ciertamente los que se suman a esa minoría innovadora, individuos del sistema que se identifican por su trabajo cooperativo y colaborativo y, en muchos casos, por la interconexión en las redes sociales,  oasis innovadores que apenas trascienden más allá de la primera duna del desierto y que  se apoyan en la sociedad de la información para ir un poco más allá.
Vistas así las cosas solo quedan dos opciones :  seguir siendo neuróticos y vivir bajo el paraguas de legislaciones obsoletas y sin sentido que dan cobertura a una mayoría de profesorado, administrativos, jefes de todo tipo,etc  o buscar medios para que los oasis innovadores crezcan olvidando  las neurosis y actuando para transformar la  vida de forma objetiva y no solo imaginativa.  Por suerte aún puedes decidir, quizás mañana sea tarde. 
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