DIRECCIÓN ESCOLAR FORMAL, INFORMAL Y OCULTA

Hoy leyendo un artículo de Antonio Montero “Qué no hacen los directores de colegios” me quedé un poco sorprendido y, a la vez, preocupado, porque en esas palabras no “veía” la realidad de las direcciones escolares del año 2017, más bien podía entrever las funciones y su normativa.

Coincido en la distribución de las competencias de las direcciones escolares que se exponen en el artículo en ejecutivas, pedagógicas y representativas; a esta clasificación la podemos identificar con la dirección escolar formal, es decir, la que aparece en la normativa.

Así  en la competencia ejecutiva se desarrollaría:  “Dirigir y coordinar todas las actividades del centro; garantizar el cumplimiento de las leyes y disposiciones; ejercer la jefatura del personal; proponer a la Administración educativa el nombramiento y cese de los miembros del equipo directivo; aprobar el plan de centro… imponer las medidas disciplinarias…convocar y presidir los actos académicos y las sesiones del consejo escolar y del claustro del profesorado del centro y ejecutar los acuerdos adoptados…” 

Esta competencia ejecutiva es de “obligado cumplimiento” y forma parte de las “rutinas” de cualquier director o directora: no hay creatividad, solo hay obligación de formalizar la tarea administrativa.  En este apartado debe  existir uniformidad y visibiliza la unicidad de todos los centros de primaria en cuanto todos se deben a los mismos principios normativos.

En cambio al hablar de las competencias pedagógicas si puede existir disparidad entre centros, en el artículo se nombran las siguientes  competencias pedagógicas:  “…ejercer precisamente la dirección pedagógica; promover la innovación; impulsar planes para la consecución de objetivos educativos; favorecer la convivencia; mediar en la resolución de conflictos; impulsar la colaboración con las familias, instituciones y organismos del entorno del centro; fomentar un clima escolar que favorezca el estudio; desarrollar actuaciones que propicien una formación integral del alumnado; e impulsar las evaluaciones internas del centro y colaborar en las evaluaciones externas y en la evaluación del profesorado…”   

Y es en este apartado, en esta competencia, donde discrepo con Antonio porque a esta competencia le falta el “marco”, la “situación” subjetiva,  que se desarrolla hoy en un colegio público de primaria y que hace difícil, por no decir imposible, siquiera soñar con un liderazgo pedagógico. No hablo de autonomía de centro, hablo de una realidad burocrática abrumadora, de falta de recursos y de tiempo,  de orientaciones claras de lo que es un colegio de primaria, de desconcierto en cuanto a la función directiva.

Un ejemplo de esa carga burocrática: Solo hay que “abrir” el programa de gestión de centros (SENECA)  para perderte por el laberinto de “árboles” y subíndices y subcarpetas y firmas digitales y correo de entrada y burocracia digital que despliegas en unos pocos clics, o  la  gestión económica y las garantías de pago (sin dinero), los cheques libros, los anexos y las justificaciones, las certificaciones de matrícula y los expedientes electrónicos, las evaluaciones dobles por competencias… y sumergirte en un mundo complejo que , por rutinario, tenemos asumido.

Otro ejemplo: la carga administrativa del Plan de Familia,  sobretodo el comedor sea propio o de catering y del que los directores son los  responsables, una gestión que  traspasa cualquier límite “pedagógico” y que se “come” las escasas horas que se pueden dedicar a la “administración” del centro.

Otra dificultad añadida es la falta de tiempo y de recursos, ya que los directores, cada vez más, están realizando funciones de apoyo y sustituciones, además de nuestras clases ,abandonando cualquier gestión administrativa y “salvando” in extremis una clase en la que no hay nadie para sustituir.

La tercera competencia es la representativa, esta para quién pueda.

Nos queda hablar de la dirección informal. La dirección informal no se ve y se mimetiza con una dirección oculta, quizás tenga que ver con la frase de Antonio: “Qué no hacen los directores de colegio”.  Esta va paralela a la supervivencia, a la respuesta inmediata del día a día que te “obliga” a poner en marcha un centro, a abrir las puertas aunque falten seis profesores y no sepas como cubrir las bajas, a responder a una familia porque a su hijo o hija le han pegado en el comedor, a poner buena cara a un claustro que está sufriendo tres meses de obras y tragándose con sus niños y niñas todo el polvo del mundo, a decir que no a proyectos interesantes porque no puedes financiarlos o ejecutarlos por falta de recursos materiales y humanos… Desgraciadamente estas situaciones no son esporádicas, cada vez nos encontramos con más dificultades añadidas, lo que repercute en la bajada de calidad de la enseñanza, en climas escolares complejos y, por tanto, en centros a los que les resulta casi imposible planificar la tarea más mínima.

Sin direcciones fuertes, sin ideas claras, sin recursos, difícilmente un centro podrá funcionar bien, y las circunstancias que vivimos no son seguramente las más adecuadas para conseguirlo.

No menciono las aptitudes, actitudes y capacidades de los propios directores, tema complejo y también muy relevante y decisivo para el desarrollo de unas direcciones de calidad y que merece, por sí mismo, un profundo análisis.

Llegados a este punto nos preguntamos: ¿Qué formación se debe dar a los directores y directoras de colegio?

Es obvio que antes de dar una formación hay que tener claro para qué vas a formar y me parece que en estos momentos la situación impide tener claridad sobre cuál es el objetivo de la formación de los directores y directoras.

Se habla ahora de “Repensar la Primaria”, quizás sea también el momento de “Repensar las direcciones escolares”: ¿Qué modelo de dirección escolar necesitamos? , ¿Qué perfil de director o directora es el más adecuado para liderar pedagógicamente un colegio?, ¿Quién forma a los directores y directoras?, ¿Qué es el liderazgo pedagógico en el siglo XXI?, ¿Tiene sentido una formación solo formal? ,¿Quién debe evaluar la función directiva?

Seguimos.

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