LOS DOCENTES EN EL LABERINTO

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Nos lo están poniendo difícil, muy difícil. El rol del docente se tambalea, desde el puro y duro orientador, asesor, acompañante de aprendizajes, hasta el de diseñador de espacios, gestor de inquietudes y paño de lágrimas de todos los alumnos y alumnas  que traspasan el umbral del aula, por no decir de interprete y descifrador de normativas (ahora competencias, ahora estándares, ahora toca emociones…)   Tan difícil es la situación  que tenemos que evaluar no sólo lo que hacemos sino además como lo hacemos y con quien lo hacemos porque el sistema nos lleva a estar autoevaluados,  autocensurados, ante la indefinición y el desconcertante rol de nuestra tarea: “cada maestrillo a su librillo”.  Afortunadamente  en los últimos tiempos casi ha desaparecido el “ojo censor” de la inspección, ¿ya no es necesaria? Lo que alivia la presión en alguna medida.

En medio (o al lado) de esta desolación aparecen a veces  pequeñas islas de “innovación” que “cuajan” unos segundos, como un huevo pochado en unos guisantes, pero que duran lo justo para ser consumidos. Estos espejismos se retroalimentan en y de  las redes sociales y de su entorno inmediato y su eco persistente se prolonga  mucho más de lo que en realidad acontece, no está todo perdido: aún hay esperanza.

Si formas parte de ese grupo  que realmente se preocupa por cambiar algo bienvenido a todo un ejercicio de supervivencia, de recreación, de continuo ensayo y error en búsqueda de la respuesta más adecuada para el alumnado y la comunidad educativa; si no es el caso, si la innovación te resbala,  te puedes sumar  a una gran mayoría que “pasa” de cambiar lo más mínimo y seguramente  no te pasará nada, eso sí  tampoco esperes nada, ni una respuesta diferente si sigues haciendo lo mismo de siempre. Llegados a este punto es curioso observar como en este último grupo hay docentes que se enfadan, gritan y sacan a la luz todo su su arsenal de protesta sin aportar nada nuevo, excepto su disconformidad.

Todos sin excepción, los que quieren y desean cambiar y, a pesar de ellos,  también los inmovilistas,  nos encontramos inevitablemente en una  zona de confort que se torna en referente de “salud pedagógica” y en valor incuestionable: desde los libros de texto a los trabajos por proyectos, Aps, cooperación, competencias, individualización… y solo una minoría  mira para arriba y observa la tormenta que llega y  hablan de lo que realmente se necesita más allá de lo cotidiano. El resto continúa ensimismado en sus  propios pensamientos y, a veces, inmersos en la crítica hacía los que detectan la tormenta y persiguen el cambio. Parece que todo es un parcheo, que no hay una planificación, que no hay un trabajo conjunto, una meta, un fin… “E la nave va” como relataba Fellini.

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Mariana Maggio habla de “rediseño de la clase”, de participación del alumnado (de las familias)  y me pregunto si eso es posible cuando no existe siquiera un diseño previo y es que también parece que estamos “inventando” la individualidad (autonomía) de los centros, más allá de la atención personalizada al alumnado,  ¿cambiar un centro?

Personalización, trabajar con la realidad, dar el mensaje de respuesta inmediata y real a las necesidades de la comunidad, invertir en conocimiento de la cultura de centro… quizás sea el camino, la manera de romper con las rutinas, la salida de la zona de confort.  Estoy convencido que no hay otra ruta, que a modo de arquitectos hay que extender el A2 sobre la mesa de trabajo y comenzar a hacer el boceto del edificio que queremos construir entre todos y para todos, un nuevo diseño coherente, funcional y con sentido y lo que es más complejo: adaptado a la realidad de cada Comunidad Educativa, no es lo mismo hacer un edificio en el Polígono Norte de Sevilla que  en el Centro.

Sí, leo tu pensamiento: una quimera, un imposible, un sueño, una utopía… o quizás no, quizás ya estemos habitando el nuevo edificio fabricado según las necesidades de nuestros entornos inmediatos, lo que puede parecerse y mucho a romper dinámicas tradicionales y obsoletas ancladas en referentes únicos y cerrados, ¿hablamos de currículo?  En realidad es innovar desde la educación fusionando la tarea diaria con el tejido social, con la realidad inmediata, con las necesidades “auténticas” de los  niños y niñas, de nuestra comunidad.

Fernando Trujillo amplía el rol docente al investirlo  como “agente de cambio”, como reformadores y transformadores de su  entorno. ! Qué complejo es iniciar cambios cuando se es minoría, cuando tu camino va contracorriente! pero no queda otra,  hay que  alcanzar el límite de la innovación social educativa y por tanto  reconvertirnos en recreadores de una nueva cultura con significados más cercanos y reales a los intereses y necesidades de los alumnos y alumnas, de las familias.

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Rita Pierson nos anima a ser optimista, pone en valor nuestra función de educadores. Destaca la relevancia de la comunicación humana, de las relaciones, la importancia de la autoestima tan imprescindible para una educación con mayúsculas; pero a muchos se les olvida que lo que Pierson “grita” es que tenemos que empaparnos de realidad.

Yo he vivido y sentido en persona  la miseria, el olor de la candela y la pobreza, la suciedad arraigada en las caras y las manos en niños y niñas que te miraban con los ojos más vivos que nunca había visto, niños y niñas que buscaban cariño y seguridad, abrazos y sueños para seguir viviendo.

Es un caso extremo pero se puede aplicar a casi todo el alumnado: No vale seguir haciendo lo mismo de siempre, el traspasar el “conocimiento” del libro de texto a las cabezas de un grupo de alumnos y alumnas que se callan y oyen ( y quizás escuchen); el cambio en Educación está en las personas, en los docentes, en el corazón, en las emociones, en la empatía y en el sentido de comunidad educativa, de poco sirve ese “conocimiento” estandarizado a la mayoría del alumnado.

Realidad, respuesta, pertenencia, ponerte en el lugar del otro y acompañarle en el descubrimiento de sus posibilidades, de sus habilidades y hacerle partícipe y miembro de pleno derecho de la comunidad educativa.  ¿Tan difícil es?

Seguimos.

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3 Replies to “LOS DOCENTES EN EL LABERINTO”

  1. Pero seguimos no? Está claro que la Educación Escolar necesita muchos replanteamientos y yo creo que la referencia será siempre el currículo escolar para tener más o menos unos parámetros de referencia y tratar de desarrollar sobre todo estrategias, herramientas, estructuras de pensamiento, decisión y análisis, sin obsesionarnos por la memorización de conocimientos que siempre se memorizan de una manera u otra en todo momento dependiendo de si el aprendizaje ha sido significativo o no (conectando con centros de interés que motiven realmente al alumnado o que el docente y la docente han sabido motivar y dinamizar con todo el tipo de técnicas que posea en su biblioteca de recursos…)

    Y otra clave es la peculiaridad de cada centro escolar que dinamiza ese aprendizaje… Un equipo directivo y un grupo de profesionales que entiende el centro escolar como un lugar conectado con una red social que lo nutre y lo alimenta… Ahí tenemos el “aprendizaje servicio” por ejemplo que nos conecta con lo cotidiano que sucede todos los días en nuestros barrios y ciudades… Uf… Me encantaría visualizar un centro escolar, conectado con las calles donde se desarrolla y que desde que entras por sus puertas, vives del fomento de una buena convivencia entre sus integrantes, los profesores y profesoras, alumnado, familias… generar entornos de comunicación y relación para que todo el mundo se sienta y esté implicado… hacer del centro escolar un universo propio, una experiencia global e integral… donde se trabaje de manera importante la convivencia y el encuentro, de tal forma que se prevenga la generación de bullying, de rechazos, de racismos, de segregación, de sexismos… etc etc etc… Donde el arte y la música sean partes esenciales y lo impregnen todo de manera trasversal.. Una escuela en la que cada maestro y maestra sean referentes de lo que hacen… Un modelo de persona que vive encarnado en lo real y en lo auténtico… Una persona capaz de divertirse de mil maneras distintas y de ser responsable al máximo en la tarea educativa… Me encantaría una escuela así… Un abrazo

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