MI COLEGIO ES UN GUETO

Mi centro es un gueto, si. Nuestro colegio tiene más de un 50% de alumnado inmigrante y de 32 nacionalidades diferentes, 220 de 412; el 95% de nuestros 200 niños y niñas de comedor están subvencionados al 100% por lo que la renta per capita de nuestras familias no llegan ni a 9000€ año.

Este es nuestro centro, el colegio del barrio, donde van las familias que viven alrededor del mismo, porque los centros se deben a su entorno y forman parte del paisaje social y urbano.

Desde hace años venimos “luchando”, implicándonos, en cambiar nuestro modelo de Escuela convencidos de que no somos un “centro más”, un código, como pretende y sigue estimando la administración. Cada centro es un mundo y eso parece que no se entiende.

Ahora con la tan traída y llevada posibilidad de elección de centro parece que algunos se están cuestionando qué podría pasar en centros como el nuestro: nada.

Desde hace años los niños y niñas que se han querido marchar se han ido, siempre ha existido el “hueco” en el concertado o público de turno… ¿cómo? Hay triquiñuelas para seleccionar quien entra y quien no, no seamos ilusos.

Y todos los años centros como el nuestro han sido el “cajón de sastre” para “meter” a alumnado del asentamiento de El Vacíe, a extranjeros recién llegados y a niños disruptivos de diversa tipología; sin ir más lejos el curso pasado 54 niños llegaron nuevos a lo largo del curso y 43 se fueron… no me vengas ahora a decir que esto se arregla con comisiones de escolarización que a fin de cuentas es un “paripé” saturado de anexos y normativas que se incumplen por sistema a partir de junio que es cuando acaba su función.

No hay solución “normativa”, no se puede decretar la bajada de porcentajes de alumnado “diferente”, porque la realidad se impone a los deseos, porque las zonas existen y las intenciones de las familias también.

¿Por qué no hablar de “SOLUCIONES“, que las hay?

La primera personalizar los centros dándoles más autonomía, dotándolos de recursos humanos y materiales, bajando las ratios, flexibilidad de horarios, sensibilidad para no aumentar el gueto a costa de incrementar alumnado a lo largo del curso, apoyo a las familias, intervención de agentes sociales (ongs, asociaciones…), incentivos al profesorado…

Nuestro centro es bilingüe de inglés (y funciona), tiene premios por Convivencia y por nuestro quehacer en las aulas, es demandado por los institutos de la zona… y nadie nos ha ayudado, no se ha hecho un plan especial para atender nuestra situación, simplemente nos hemos creído y convencido que somos especiales, únicos, y nuestros niños y niñas también lo son y nuestras familias poseen el sentido de pertenencia al cole y se identifican con el mismo porque reciben mucho más que la estricta educación (aprendizaje) de sus hijos e hijas. Nos hemos convertido (y asumido) que somos un centro cívico, un espacio más, un referente en el barrio.

Ciertamente nadie nos ha “molestado” nadie nos ha llamado la atención desde la administración por nuestra forma de hacer y entender la Educación, al contrario nos lo han reconocido, solo falta que este inicio de cambio se haga “viral” y arraigue en otros colegios, que se atiendan y entiendan como centros únicos y se les apoye en todas sus iniciativas.

Lo hemos hecho por necesidad porque había que buscar salidas al gueto, porque el estigma sigue y seguirá, pero nadie nos puede impedir el rechazo a seguir haciendo siempre lo mismo y sin resultados e intentar trabajar de otra manera que nos ofrezca mejores resultados.

Mi amigo Fernando Trujillo en su último post escribe:

“Querido político, gran empresario y periodista, cada vez q piensas en la escuela como un fracaso, cada vez q afirmas q la escuela no funciona bien, cada vez q repites q no preparamos a buenos trabajadores/as quiero q sepas q no estás hablando de nosotros: estás hablando de ti.”

Ojalá calen experiencias y trabajos como el nuestro y se difundan y que de una vez por todas rompamos el eje marginal y de frustración que machaconamente políticos, empresarios y prensa sacan a la luz todos los días.

No es una utopía, se puede salir de las rutinas de niños y niñas pobres: niños y niñas fracasados. Es una tarea de todos.

Seguimos.

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