EDUCACIÓN INCLUSIVA: LA GRAN MENTIRA

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  • Me aburren las fórmulas magistrales, las recetas al pie de la letra, los clichés repetitivos, la uniformidad porque…
  • Me desconcierta la disposición en el escenario de todos los actores con su papel único, su guion perfecto porque…
  • Me entristece el marco cerrado con mínimas opciones de cambio porque…
  • Me duele el desconocimiento de los que creen que saben porque…
  • Me molesta el desprecio al diferente porque…
  • Me preocupa la normalización y la individualidad sin cohesión porque…
  • Me desquician las buenas intenciones sin razones porque…
  • Me horrorizan los escaparates donde se exhiben los modelos ad hoc porque…
  • Me intranquiliza el runrún de las metodologías apropiadas porque…
  • Me espantan los lideres uniformados y obedientes porque…
  • Me chirrían los estamentos sociales encasillados porque…
  • Me enfada no poder diseñar mis propios espacios ni mis tiempos porque…
  • Me indigna que me obliguen a sobrevivir porque…

Faltan todos los “porque”, todas las respuestas…  quizás  estemos soñando o solo estemos mencionando  intenciones y buenos  deseos.

Aquí están los deseos:

“Una escuela inclusiva es aquella que genera oportunidades de participación y aprendizaje para todos los estudiantes. La escuela inclusiva apuesta por entornos en los que todas las niñas y los niños aprenden juntos, independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales.”

Aquí está la realidad:

“Una escuela inclusiva es aquella que reúne las condiciones suficientes para generar oportunidades de participación y aprendizaje y cuenta con los espacios y recursos materiales y humanos necesarios dentro y fuera de la escuela para que todos los niños y niñas aprendan juntos y se atiendan sus necesidades independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales.”

Dos definiciones casi idénticas, pero con matices, creo que en la siguiente cita de Ortega y Gasset que a la vez traía a colación el profesor Fernando Trujillo en su blog ya se apuntan algunas diferencias y alguna respuesta a los porque…

“Principio de educación: la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros. Sólo cuando hay ecuación entre la presión de uno y otro aire la escuela es buena.”

La gran mentira de la Escuela Inclusiva se despliega ante nuestros ojos: Sin recursos y sin un mínimo de condiciones, por mucha ilusión e interés que pongamos los docentes por cambiar, por innovar, nunca conseguiremos una respuesta personalizada y equitativa para nuestro alumnado, para la comunidad educativa; todo ese ingente esfuerzo que cientos de maestros y maestras  hacen todos los días a pesar del sistema se quedará en un espejismo, en una tormenta de una noche de verano. No hay respuestas a los porque… porque la respuesta no la tenemos los docentes, nosotros “solo” tenemos el aire pedagógico. Los que deben enarbolar el aire público ciertamente cercenan cualquier intención o posibilidad de Escuela Inclusiva, aunque se les llene la boca nombrándola.

¡Qué distantes se encuentran en la Educación Pública Andaluza el aire público del aire pedagógico!

#Seguimos

Ortega y Gasset  Misión de la Universidad,1936

 

11 Replies to “EDUCACIÓN INCLUSIVA: LA GRAN MENTIRA”

  1. Eso es cierto, he buscado una escuela con educación inclusiva en mi comunidad y no la encuentro tengo una niña con discapacidad , solo me dicen que están esperando que habiliten el espacio y le asignen los profesores y nada.

  2. Estimado maestro, compañero y colega. Leo con agrado tu artículo porque está plagado de verdades de peso, y, sobre todo, porque me siento afectado por eso que llaman Escuela Inclusiva. Once años en una escuela de un barrio de esos que también llaman “en riesgo de exclusión social” o “zona en necesidad de transformación social” (ambos términos carentes de significado) me avalan para escribir esto. No entiendo de política, gracias a DIos, pero sí de escuela. Pensaba en si los políticos educativos llevan razón cuando hablan de una escuela inclusiva; qué querría decir el término “inclusión” y si, de verdad, existe o podría existir una escuela inclusiva.
    Y me sorprendo a mí mismo cuando veo que le puedo dar la razón a dichos políticos. Han creado escuelas inclusivas: escuelas que la Administración ha cerrado (claudere) a los demás que no tienen pedigrí para estar en ciertos centros; han cerrado dentro de sí mismas (in-claudere) otras escuelas en barrios que, a su vez, están cerrados en sí mismos (enclaustrados) y no pueden aspirar a otras opciones; han cerrado ideológicamente otras escuelas para que los que no piensen igual no tengan cabida; han cerrado sociológicamente otras escuelas para que los que están dentro no salgan a plagar escuelas de gente de bien. Nos han encerrado (en su sentido etimológico) en ciertas escuelas para que desde ahí trabajemos la inclusión. ¿Alguien podria explicarme cómo trabajo la inclusión en una escuela cuyo alumnado es al 95% de etnia gitana? La mejor manera que se me ocurre es coger a todo el alumnado e irlo repartiendo por los centros de mi localidad: ¡eso sería inclusión! Y no dejar que se acumule más del 30% de alumnado de minorías étnicas en un solo centro. Esa sería mi medida inclusora.
    Pero tengo un bendito claustro y trece benditos voluntarios que cada día trabajan para que los niños y niñas del cole sepan vivir en esa sociedad que vive más allá de la suya (una especie de supra-sociedad), porque superen los patrones de comportamiento de su microsociedad para adoptar los de la macrosociedad. Es indudable, aunque no irremediable, que existirán centros elitistas para acoger, educar, amparar, enseñar, transformar a estos infantes que no han elegido vivir ese tipo de vida y que pocos conocerán otro.
    Y así, mi mente claudica entre dos pensamientos: ¿somos una escuela inclusiva? ¿somos una escuela exclusiva? Mi corazón dice que somos exclusivos; mi razón dice que no somos inclusivos. Y deberían empezar a trabajar la inclusión aquellos centros donde exigen faldas plisadas y pantalones de pinzas grises: ¿cómo acogerían a un chavalillo con la piel sarpullida por las picaduras de las pulgas? Lo mismo es al contrario, ¿cómo en mi centro acogeríamos a otro niño de otro barrio más selecto de la ciudad? Bueno, alguno hemos tenido y se fue llorando cuando se enteró de que su madre lo cambiaría el próximo curso a otro centro. Inclusión.
    En fin, D. Miguel, que estoy en un sinvivir. Que quizás ellos lleven razón y la escuela inclusiva es la que se encierra en sí misma, y esa es la monstruosidad que han creado. No quiero ponerle apellidos a la escuela. La escuela es Escuela con mayúsculas, el lugar donde (de nuevo etimológicamente) se cultiva el espíritu. Todo el que quiera venir a la escuela, bienvenido sea. Este quizás sea el articulum stantis et cadentis scholae: recibir a todos en igualdad de condiciones y oportunidades para mostrarles el camino de la libertad.
    Salud.

  3. Qué gran verdad. Como madre de un niño con TEA puedo decir que hasta, que no fue a una, escuela especial, gastándome un montón de dinero, el niño estaba, arrinconado haciendo sumas todo el día.

    1. Gracias por tu comentario Natalia, aunque tengo que decirte que hay muchos maestros y maestras en la Escuela Pública que hacen una labor más que profesional a pesar de las carencias. Siento que a tu hijo no lo atendieran adecuadamente. Abrazos

  4. Los primeros que no quieren esa inclusión son los propios directores como es nuestro caso con mentiras acosos y mofarse de que por fin nuestra hija está en ese aula dichosa específica, saltándose de nuevo como es habitual la protección de datos de una menor de edad con nee…. Por aquí es por donde hay que empezar querido maestro y no dejarse engañanar por directores que dicen que van de corazón y lo que van es a disfrutar haciendo daño…… Ese es el tipo de educación pública q tenemos

    1. Gracias por tu comentario, te comprendo y comparto tu indignación.
      Durante mis
      años de dirección he intentado trabajar y aportar todo lo que he podido para conseguir una educación inclusiva en nuestro centro. Nunca hemos engañado ni rechazado a ningún niño o niña, a ninguna familia.
      En ocasiones la Delegación nos envía a alumnos, a sabiendas de que no tenemos recursos ni profesorado, en ese caso nos reunimos con la familia y les exponemos la situación y nos movilizamos para buscar dichos recursos “donde sea” o, si se puede, el centro adecuado.
      Nos duele no poder atenderlos, pero nos duele mucho más que esos niños y niñas se conviertan en un “mueble” más de un aula y eso nunca lo hemos permitido.
      No todos los directores y directoras somos como el que comentas. Suerte.

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